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¿QUE ESTA SUCEDIENDO? UNA INVITACIÓN AL DEBATE SOBRE DIEZ REFLEXIONES SOBRE DIEZ INTERROGANTES PROBLEMATICOS Y 61 PREGUNTAS CONCRETAS.
Por Iñaki Gil de San Vicente
IX. ¿RESIGNACIÓN O ACCIÓN?
La práctica de esas y esos militantes es un ejemplo de cómo se puede mantener siempre una postura vital no derrotista y sí revolucionaria. Incluso ello es posible en los peores momentos imaginables, cuando la contrarrevolución fascista o un golpe militar han masacrado en sangre a las y los oprimidos de modo que éstos necesitarán una o dos generaciones para recuperar sus fuerzas. Siempre es posible mantener una determinada práctica revolucionaria en los peores momentos, en los inmediatamente posteriores a una derrota en apariencia irrecuperable. Se trata de saber ¿qué es la práctica revolucionaria?. Esta pregunta es decisiva en momentos de derrota, sobre todo, y también en momentos de confusión y perplejidad como los actuales. Resulta fácil responder a ella en momentos de auge, cuando el viento de la historia impulsa el navío revolucionario, pero si entonces la respuesta es superficial no pasará mucho tiempo para que se hagan patentes sus limitaciones: ¿qué sino eso ha sucedido con los cientos y cientos de militantes antifranquistas no abertzales y con muchos abertzales que copiando dogmáticamente experiencias exteriores, se desinflaron al ver lo irrealizable de su dogmatismo?.
49. ¿Tiene sentido la vida?
Una de las sustantivas diferencias que separan abismalmente al pensamiento revolucionario del reaccionario radica en algo más que la respuesta que se da a esa pregunta. Incluso aunque ambas posturas enfrentadas respondan que sí, la diferencia nace no sólo de las consecuencias prácticas de ese sí a la hora de llevarlo a la acción sino, sobre todo, previamente a ese sí, o sea, en la forma de hacer la pregunta, en el objeto al que va destinada y en el método empleado para responderla. Luego, sobre esas diferencias ontológicas y epistemológicas, surgen dialécticamente las diferencias prácticas. El sentido de la vida no es otro, según la interpretación de este texto, que el de acabar con las causas que impiden que la vida tenga sentido de sí, sea autoconsciente. Por el contrario, desde la visión reaccionaria sea o no religiosa pues puede ser también atea como el nazismo, por ejemplo, el sentido de la vida consiste en mantener que esa vida otorgue su sentido a causas externas: dios, la propiedad privada, la raza superior, la civilización occidental, etc. Recordemos una vez más el decisivo aptº 41 sobre la alienación. Por causas externas de y para la vida entendemos el conjunto de intereses minoritarios, opresivos, que hacen que esa vida sea un objeto pasivo aunque se mate trabajando. El sentido de la vida se conquista en el proceso de desalienación en todos sus aspectos incluído, lógicamente, el nacional. El verdadero sentido de la vida se plasma en la violencia defensiva contra la opresión.
50. ¿Ética y/o política?
Dado que la desalienación es un proceso totalizante abarca por igual a lo ético y político, a lo estético y lo cotidiano, a lo personal y a lo colectivo. Esta es otra de las grandes e insalvables diferencias que separan a la conciencia revolucionaria de la reaccionaria, y también de la reformista. La burguesía separa drásticamente ética de política: para ella son dos mundos aparte dominando el segundo de forma absoluta al primero. El reformismo dice que es al contrario, pero su práctica lo desmiente. La ética burguesa está supeditada a la política necesaria y adecuada al beneficio económico. La ética revolucionaria no está supeditada a nada pues ella misma reivindica la fusión con la política y con la economía. Es en los momentos de resistencia y lucha reivindicativa cuando se enfrentan ambas concepciones antagónicas. Ya estaban enfrentadas en las situaciones previas, en los momentos de calma y de eso que se llama "paz" -luego tocaremos este tema- pero es cuando se pasa a la acción, que recordemos lo dicho en el aptº 42 sobre el miedo a la libertad, es el mejor antídoto contra el miedo. La práctica emancipatoria de las y los oprimidos así lo enseña ¿y acaso no sucede lo mismo en Euskal Herria?.
51. ¿Quién juzga a quién?
Sin embargo, pese a que la práctica histórica así lo demuestre, es difícil llevar esa demostración a la gente. La razón es muy sencilla y en parte ya la hemos citado al analizar la falsificación de la historia que realizan las clases dominantes. Pero hay un punto que hemos dejado por su importancia y que consiste en que el que escribe la historia juzga al que no la escribe. Es cierto que generalmente es el vencedor y el que detenta el poder quien escribe la historia, oficializándola y condicionando escrituras posteriores. Con ello juzga a los participantes, los condena o los indulta, también los premia. Pero ¿es válido ese veredicto?, mejor dicho, realmente ¿quién juzga a quién a lo largo de casi tres mil años de historia escrita y más de historia oral?. Hay más aún: ¿cómo condiciona nuestro criterio ese inmenso estercolero de condenas y falsedades escritas por el poder?. Dicho de otro modo: ¿podemos utilizar acríticamente el concepto de ética, por ejemplo, sin desinfectarlo de los virus de la tradición creada por las clases dominantes masculinas, religiosas, racistas y eurocéntricas?. En Euskal Herria padecemos también esta carga: la tradición del vasco y de la vasca como 'euskaldun fededun", pacífico y no violento excepto cuando está en peligro la propiedad privada y la religión verdadera, trabajador y no huelguista, etc. ¿Quién nos ha juzgado así, por qué y para qué?.
52. ¿Paz o guerra?
Es muy importante desmitificar y aclarar quién juzga a quién porque en base a ello se mantiene luego la legitimidad ético-moral, política interna y externa de todo conflicto, especialmente del violento. Ha partir de los conceptos construidos y santificados por los poderes opresivos se define y legitima la "paz" siempre en interés de esos poderes. Nos encontramos ahora frente a uno de los grandes y graves problemas de todas las izquierdas: ¿cómo demostrar que la "paz" es otra cosa diferente a lo que dice el opresor?. Todas las luchas de las y los oprimidos han chocado con este problema: ¿cómo legitimar el paso a la violencia defensiva cuando se han agotado los ineficaces medios de presión "pacífica" consentidos por el poder?. Pero el problema es todavía más profundo pues en contra del pensamiento dominante que separa drástica y abstractamente la paz de la violencia, el pensamiento revolucionario sabe que existe una imbricada dialéctica entre paces y violencias. Ahora comprendemos la importancia teórica y práctica de las reflexiones precedentes sobre los poderes, el Estado, etc. Mas aún así, queda pendiente el dilema central sobre el que se reflexionará más extensamente en el aptº 55: ¿cómo, en base a qué y para qué las y los oprimidos pasan a la violencia defensiva?; esta pregunta exige introducir la preocupación por el futuro.
53. ¿Fines y/o medios?
Pero para llegar al futuro hay que hacer determinadas cosas y eso nos enfrenta al problema de los medios y de los fines. Por ejemplo, los obreros de una empresa quieren asegurar su sueldo futuro lo que les exige impedir el cierre de la empresa. ¿Cómo luchar para evitar el cierre y asegurar el futuro?. Un medio blando no sirve ante la decisión del empresario. Un medio duro choca con la oposición de sindicalismo reformista, con la represión policial y las venganzas empresariales. La defensa del futuro exige tomar una serie de medios duros en el presente que lo garanticen. Hay que organizarse de otra forma, sin depender de la burocracia sindical, etc, etc. Y al final, cuando no hay otra solución, vienen los enfrentamientos con las fuerzas represivas. Este esquema muy simplificado sirve en su esencia para cualquier situación de reivindicación: desde una larga guerra popular prolongada hasta el trámite de divorcio de una mujer pasando por una reivindicación lingüístico-cultural. Es así porque existe un fin de perpetuación y un medio de asegurar esa perpetuación en todo poder opresivo, porque existe una unidad lógica que los recorre a todos ellos: asegurar en el excedente que obtienen, como hemos visto en su momento. Por eso, en el lado del poder opresor, el fin se antepone al medio y la política a la ética mientras que en el lado del oprimido, el fin y el medio forman una unidad al igual que la política y la ética. Los opresores siempre han supeditado el medio al fin, han asesinado y masacrado sin piedad para mantener su poder, que es su fin. No así los oprimidos.
54. ¿Qué es el mal menor necesario?
Lo que subyace al debate del fin y de los medios es el última instancia el siempre crucial tema del mal menor, es decir, de aceptar o no un daño como inevitable para llegar al fin necesario. Decimos fin necesario que no caprichoso u optativo pues aquí radica una de las diferencias entre la conciencias revolucionaria y la reaccionaria. La primera, la revolucionaria, sabe que es necesario y urgente acabar con la dominación del capitalismo pues está en juego el futuro mismo de la humanidad; la segunda, la reaccionaria desea mantener sus privilegios y prebendas a cualquier precio. Estas insalvables diferencias existen también en cualquier opresión y explotación individual. Partiendo de aquí, la definición del mal menor varía substancialmente según se sea oprimida/o u opresor. Para quien está machacado, el mal menor, como el medio elegido, no puede nunca cometer el error garrafal de aumentar la desunión, de crear tensiones y divisiones innecesarias, de debilitar la acumulación de fuerzas y el logro de alianzas necesarias. No puede cometer el error del mal mayor innecesario porque ese medio se vuelve contra el fin necesario. Por eso las y los revolucionarios cuidan y miden al detalle las repercusiones pedagógicas de sus luchas. El mal menor necesario es para los revolucionarios aquél acto mínimo inevitable, no deseado pero necesario, no buscado e impuesto por el opresor al negarse a cualquier solución constructiva. Para el opresor el fin es mantener sus privilegios para lo que hará todo lo que pueda y más: de ahí nace el recurso del opresor al mal mayor innecesario. Es mayor porque busca aterrorizar con el miedo y el castigo, sin piedad, y es innecesario porque la opresión carece de justificación ética alguna: es innecesaria para la humanidad. Por último, es en estos momentos cuando se constata la opción del reformismo por el poder y por el mal mayor innecesario.
55. ¿Y mañana?
Ninguna lucha de las oprimidas/os se ha iniciado sólo y exclusivamente por repentina y espontánea negativa a la explotación por salvaje que ésta fuera. La experiencia histórica reestudiada y rescatada por las oprimidas/os enseña que hasta las en apariencia más espontáneas e instintivas sublevaciones desesperadas han sido precedidas por tanteos previos, escaramuzas, niveles más o menos empíricos de autoorganización. Además, siempre ha palpitado una vaga y difusa utopía de justicia, de un mundo mejor. Nunca ha logrado el poder dominante borrar del todo de la memoria colectiva de las oprimidas/os mitos, creencias, tradiciones y costumbres igualitarias, justicialistas, colectivistas y comunistas. Están presentes de modo tergiversado dentro de la religión misma. La propia burguesía quiere borrar de sus señas de identidad el recuerdo de sus revoluciones antiabsolutistas. Es por esto que siempre está presente el mañana en las aspiraciones y luchas de las oprimidas/os. Y cuando se lanzan a la acción, la que fuera, ese mañana se une al hoy iluminando la lucha. Cuando ese mañana se ve en peligro mortal es cuando más fácilmente se dan los pasos que conducen a la violencia defensiva, asumiéndose todos los costos que eso supone. La violencia de las oprimidas/os es doblemente defensiva: uno, porque salta cuando no hay más remedio y dos, porque tiene un modelo de futuro que es directamente negado por el poder, que sólo mira su presente. Este es el secreto que explica que todas las revoluciones y guerras de liberación, al margen de su resultado, hayan suscitado siempre infinitamente más ilusiones, esperanzas, explosiones creativas artísticas y científicas, análisis teóricos, que las incultas y mortecinas contrarrevoluciones pese al apoyo relativo de masas que obtuvieron en sus comienzos algunos, que no todos, movimientos nazi-fascistas: los procesos de liberación y las revoluciones se hacen para el futuro, las contrarrevoluciones por el pasado.
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